La llamada herida del rechazo tiene que ver con la poca tolerancia al rechazo que se presenta en personas con obsesión a la aprobación, es cierto que el rechazo en el mismo es incómodo y usualmente produce tristeza e irritabilidad, esto podemos identificarlo como lo más cercano a lo normal si podemos encasillar a la sensación más común que sienten los seres humanos cuando son rechazados. Sin embargo, en algunas personas esta tristeza es tan profunda e intensa que llega al dolor y la irritabilidad se supera por ira intensa.
Una persona sin herida de rechazo puede procesar la tristeza y la irritabilidad en un tiempo acorde a la pérdida, una amistad de un año que al final desaparece y muestra menos interés es lógico que la molestia emocional de tristeza e irritabilidad perdure alrededor de un mes, la persona tramita el pensamiento al final en que no puede obligar a las personas a quedarse a su lado, evalúa su trabajo en la relación, acepta la responsabilidad de las fallas propias o las pérdidas de lo que invirtió en la relación y acepta el nuevo estado de la relación de terminada o alejada.

Pero para una persona con herida de rechazo la poca tolerancia al rechazo la puede llevar a obsesionarse con la persona que rechaza ya que el rechazo es una herida usualmente de infancia la nueva situación de rechazo lo llevaría a esa construcción de autoconcepto cuando se presentó el rechazo inicial, pongamos el ejemplo de un niño que identifica diferencias de amor de los padres con él y su hermana, su hermana recibe más atención y mas sonrisas, ella quien nació en un buen momento de la relación de pareja tiene también mejores resultados en la escuela y tiene un temperamento más extrovertido. Los dos niños tendrían heridas de rechazo, el niño siente que nació con insuficiencias físicas y psicológicas para ser amado y la niña puede sentir la necesidad de tener que dar siempre algo a cambio del amor.
Si pasa el tiempo y estas construcciones de autoconceptos no se trabajan y aparecen nuevos rechazos de pareja o amistades el acercamiento a esta situación tan traumática de rechazo lo lleva a su propia infancia en donde se identificó con esa insuficiencia para ser amado, un autoconcepto desagradable con el que lleva luchando toda la vida pero que se refuerza cada vez que recibe un nuevo rechazo.
Nadie quiere verse rechazable o digno de rechazo y por esto aparece la poca tolerancia al rechazo acompañada con una intensidad emocional difícil de sostener, una ira tan intensa primero con la persona que rechaza por acercarlo a esa su verdad de insuficiencia y luego a ella misma por haber nacido insuficiente que el único camino que se encuentra para evitar esta situación tan temida es convenciendo a la otra persona de que él no es rechazable (insuficiente para ser amado) y si lo logra siente que su valor personal no disminuye porque tiene el amor de las personas y lo traduce entonces en que el no tiene nada malo como para ser rechazado.
Esto de convencer a la otra persona es a través de una obsesión, en donde la persona entra en una etapa de negación del rechazo y luego en una negociación, negociara cambios de conductas, creencias, dinero, tiempo, dignidad, lo que sea para no perder a esa persona o no ser rechazado. El miedo al rechazo nos puede llevar a quedarnos en ambientes desavenidos y dolorosos haciendo más daño a nuestra autoestima.
Como pudimos darnos cuenta en el autoconcepto del rechazado en mención, está el identificarse insuficiente para tener personas que lo amen y el significado del rechazo como una confirmación de una devaluación personal, por lo tanto el no rechazo se lee como una suficiencia personal y un alto valor individual. Dos significados errados, por un lado todas las personas somos completas, no nacemos mitad vacíos emocionalmente y otra mitad llena. Tenemos la capacidad como animales de amar y ser amados. Por otro lado, el rechazo no significa evaluación del ser ni degradación del valor humano. El rechazo es parte de la vida, hoy podemos estar en un ambiente a gusto pero ese mismo ambiente puede cambiar o la persona puede cambiar y ya no querer el ambiente, todos tenemos el derecho a rechazar y a cambiar. El problema es cuando no me doy ese permiso
El permiso a ser rechazado lo obtuvimos cuando nos dieron el permiso a rechazar. Pero en la herida de infancia lo primero que se presentó fue el ser rechazado antes que rechazar. Es lógico y saludable que en la adolescencia los muchachos se revelen ante las defectos de los adultos y no soporten las dinámicas sociales o familiares, la vulnerabilidad que daba la dependencia infantil ante los adultos termina con la adolescencia dando paso al rechazo de lo recibido por los padres. Es una etapa sana que les llena las manos de amor incondicional para que después desde la seguridad afectiva rechacen algunas características de los padres sabiendo muy bien que no los perderán ya que se sienten seguros de ese amor incondicional, pero en la herida de rechazo de infancia, llega primero el ser rechazado al poder rechazar y esta etapa de adolescencia puede también afectarse. ¿Qué adolescente rechazaría a sus padres si sabe en su interior que podría perder su amor o su protección?
Si se cambiara el autoconcepto de la herida de rechazo por la suficiencia y el valor humano que es invaluable desde que se nace no más ni menos valiosos ni más ni menos llenos que cuando nacimos y que ese valor personal con que nacemos no cambia a través del tiempo ni por los logros ni por los fracasos, si no que es inmóvil, ya no existiría la obsesión de mantener una amistad, pareja o familia que quiere irse.
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